LA MALDICIÓN DE TATÚ (ODA A MONTEVIDEO)

 Voy a penetrar en tu mente. Mirame. Mirame bien. Mirame el cuello antes de que me lo corten. Soy Corisco en la última bajada de la calle Grecia, reina de los mares muertos, hija de sirenas y náufragos friolentos, fermento pisoteado por tus dos chancletas. En los bolsillos llevo migas de bizcocho y una piedrita amatista que brilla cuando todo está justo a punto de apagarse. Escuchame bien porque no te lo voy a repetir: 

Maldigo tus barcos incendiados, tus almas en pena flotando en aguas sigilosas bajo las alcantarillas, maldigo la pelusa de tus plátanos y las baldosas partidas, tu rambla pletórica de resentimientos, tu humo de eucaliptos y tus murgas socarronas. Maldigo todas tus plazas y la grasa de los chorizos, el olor a jazmín y tus sueños en voz baja promediándose en pizarras de quiniela. Maldigo tus huérfanos y los padres ausentes, malparidas tus madres, mal nacidos tus hijos y la voz maniatada de tu hermano atolondrado cantando en los ómnibus milongas tatuseras cada tres paradas. Maldigo tus herencias, la leche de tus vacas, las casas de cambio, las pelotas en el palo y los cien empates, los viernes sin plata y las casas de remate. Maldigo la curva hacia adentro de tus nidos de hornero, tus tortas fritas sin agujero y los tero-tero. Maldigo tu azul celeste, tus tambores y banderilleros, la indolencia de tus estatuas, tus edificios copiados de todos lados y las suegras flacas de tus inmigrantes. Maldigo todo lo que no pudo ser y fue en tu bahía rodeada de negocios grises, de carnes violentadas y restos de garrapiñada en caries despobladas. Maldigo tus cortinas metálicas aguardando el domingo, el feto de Guyunusa, Rivera y sus secuaces, el contrabando de ticholos, tu espuma sin olas y tus bagres ahogados. Maldigo a Tartarín, segundo para siempre en Maroñas, los radiotaxis autistas y los escudos rayados de los milicos dopados, la mala suerte de los que se fueron, los cuadros de Blanes secuestrados por el ministerio de cultura, tus moñas azules y tus medias remendadas; maldigo el abismo de tus deseos succionados en el mate amargo de tu conciencia, las hojas de zapallo en el baldío del otro barrio; maldigo tu velódromo en subida y las selfies con rubias teñidas y fachadas art decó, los mocos en pañuelos jubilados del invierno que pasó, tus unidades reajustables, los asaditos en el fondo hipotecado y tus zapatos cepillados a la espera de otro fondo concursable. Maldigo tus balcones con yuyitos y tus palomas infectadas de vino en caja y rock and roll, la bronca domesticada por decir tantas veces la puta que te parió, la mueca que pudo ser sonrisa, y las tres curitas en el talón, la pila de milanesas agrias en el mostrador, el vicio consentido en la letra de un tango que se te olvidó, la lámina del prócer en el taller sombrío de tu abuelo, las ganas de besarte y que me digas te amo sin tener que denunciarme, la lengua cortada del invasor inglés con destellos de esgrima y despampanante tupé, el banderín tatuado del Tacuarí ahí donde nadie te acarició, las frazadas orinadas del Vilardebó, las manos vendadas de los marineros del Graf Spee, las canciones entonadas en el murito de la esquina en donde te perdí, la garrafa prestada con la válvula rota, el olor a sexo y aguajane en patios y pensiones, la pistolita de Brum, los pintores sin aguinaldo y la lluvia suicida tras el vidrio roto de tu corazón... 20 con 30, 40 con 6, maldigo tus apuestas de 10 en 10, el Hindenburg, Saravia y Herrera y Reissig encerrado en su altillo con cartelito en francés. 14 a la cabeza con el 28 a los 10, 100 pesos. 07 a los 2; 50 pesos, 15 a los 5 con el 88 en 20; 20 pesos, 12 a la cabeza, 40 pesos, 6 a la cabeza con bigote de Seregni, 100 pesos, 11 por 3 que da 33; 33 orientales con barbijo y a pie, vinieron a sitiarte para que se multiplicaran por seis tus cuotas de mala fe... Te maldigo mil veces y redoblo otras mil; te maldigo Montevideo, y te vuelvo a maldecir!

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